LA INVITACIÓN OCULTA DE LA SOLEDAD

Cuando te sientes solo,
no es la presencia de otra persona lo que extrañas,
es tu propia presencia amorosa.

Cuando buscas a alguien más,
te desconectas de ti mismo
–el dolor más grande que hay–.

Pon atención al lugar en el que estás.
Conéctate de nuevo con la respiración.
Con la brisa de la mañana.
Con el sonido de la lluvia.
Con una apacible taza de té.
Con las sensaciones que bailan
en la barriga, el pecho, la cabeza.

Sé aquí.
Sumérgete en la ternura.
Observa cómo se disuelve tu soledad
en el exquisito misterio y la fresca mañana.

Quédate solo, con el milagro de la vida misma.

JEFF FOSTER

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